Guía hacia una vida plena


Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.                  
Colosenses 3:1-4         
  
En tan solo cuatro versículos, está expresado a la perfección el modo de vida que como cristianos debemos seguir, el propósito de nuestra vida y nuestra futura esperanza. Consecuencia de la reconciliación por medio de la muerte de Cristo y la salvación obrada, es increíble cómo se condensa tanta doctrina en una porción tan breve.
Partimos de una premisa “Si, pues, habéis resucitado con Cristo” de la traducción literal “puesto que”, haciendo referencia al hecho de haber sido “sepultados en el bautismo de Cristo”   ( Gr:Suntaphentes autoi en toi baptismati, habiendo sido sepultados con Él en el bautismo) aludiendo a Colosenses 2:12,20.                                                                                                                
 Como breve reflexión destacar que el bautismo en las aguas es un reflejo del bautismo en la muerte de Cristo, recibiendo nueva vida en su resurrección. Por lo tanto llegamos a la conclusión que tenemos un requisito indispensable para tener nueva vida y ese requisito es Cristo, en él, por él y para su gloria. La salvación tiene como punto de partida Dios y su elección.

“Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a estos también glorificó”
Romanos 8:30

Partiendo de este punto, queda clara nuestra imposibilidad para salvarnos por nosotros mismos y el inmenso amor de Dios al proveer este regalo de incalculable valor. Como dijo Jesús a Nicodemo, nos es necesario nacer de nuevo de lo alto para tener vida eterna.

Respondió Jesús: De cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de lo que te dije: os es necesario nacer de nuevo”
 Juan 3:5-7

Si nos paramos a repasar lo que hemos leído hasta el momento,  tendremos mucho sobre lo que pensar porque su calado y  trascendencia son tales que podrían ser escritas miles de páginas sobre cristología y soteriología sin raspar nada más que la superficie de lo que significa e implica.  
Tras una pausa para poder pensar en la importancia de lo dicho anteriormente, podríamos dividir en cuatro partes el mensaje de estos versículos:

Buscando las cosas de arriba

Somos exhortados a buscar, de hecho Pablo lo dice en un modo imperativo “buscad” no como una opción, Dios quiere que le busquemos de forma activa a lo largo de nuestra vida. Esto implicará una continua negación de uno mismo por amor al él y una vida basada en su gracia para poder vivir de modo que es indispensable la obra de Dios en nuestras vidas sin dejar a un lado nuestra responsabilidad (santificación personal).
Dios quiere hijos que realmente le busquen y anhelen estimando su vida como nada.

“Buscad a Jehová y su poder, Buscad su rostro continuamente” 
1 Crónicas 16:11   

“Pedid y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad y se os abrirá”
Mateo 7:7 

“Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, oh Jehová”
Salmos 27:8    

“Lo verán los oprimidos, y se gozarán. Buscad a Dios, y vivirá vuestro corazón”
Salmos 69:32       

“Con todo mi corazón te he buscado; No me dejes desviarme de tus mandamientos”
Salmos 119:10

Dios no solo ordena que le busquemos sino que también bendice y grandemente cuando es obedecido, nos promete que si le buscamos no quedaremos sin respuesta, que en él tendremos gozo y vivirá nuestro corazón, no nos dejará desviarnos de sus mandamientos si con todo nuestro corazón le buscaremos.                                                                                       
¿Acaso estas promesas no te dan ganas de gritar de alegría? ¿Te inunda una paz indescriptible? ¿No reconforta tu corazón en situaciones de dificultad?
Encontramos que hay promesas de parte de Dios cuando buscamos su reino, nos brinda paz y seguridad verdaderas de modo que realmente podemos descansar en su provisión.                                                                                                                                        

Dios proveerá a sus hijos de toda necesidad, tanto material como  espiritual que podamos tener y nos exhorta a enfocarnos en Él y su reino de modo que el resto vendrá por añadidura.

“Mas buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas (leer versículos del 22-31)” 
Lucas 12:31    

 “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”
Mateo 6:33

“Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”
Filipenses 3:14

“Sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan” 
Mateo 6:20

Poniendo nuestros ojos en las cosas de arriba

Allá donde ponemos nuestra mirada es hacia dónde nos dirigimos y si no ponemos la mirada en Dios, tenemos que plantearnos donde la estamos poniendo, ¿Quizás en mi carrera profesional? ¿Mis deseos y aspiraciones?, desviarse es muy sencillo y fácilmente nos llevará a  pecar por acción u omisión.
“Poned la mira”, poner nuestro objetivo y prioridad en las cosas de arriba debe ser nuestra máxima, esta vida es muy breve, mucho más de lo que podamos pensar comparada con la eternidad ¿Realmente merece la pena vivirla de forma mediocre ante Dios?.

“Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aún estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe, a fin de conocerle, y el poder de su resurrección,  la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejantes a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección  de los muertos.
No que lo haya alcanzado ya, ni que sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios. Pero en aquello a que hemos llegado, sigamos una misma regla, sintamos una misma cosa. Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros” 
 Filipenses 3:7-17

Este texto ejemplifica lo que implica “poner la mira en las cosas de arriba” y en el somos exhortados a estimar todo  como pérdida y basura, ¿suena duro?, no lo creo si hemos nacido de lo alto realmente ese será nuestro deseo. 
Cuando Dios tiene la preeminencia en nuestro corazón podemos comenzar a entender propiamente lo que significa su amor, justicia, padecimientos, resurrección, gloria, majestad, poder…todos sus atributos, con el fin de conocerle comenzando en este mundo viviendo vidas que le agraden con la meta de verle un día cara a cara y continuar por toda la eternidad, alcanzar el supremo llamamiento.

Hemos muerto

“Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios”                  
No lo pregunta o lo sugiere, si eres de Cristo has muerto para poder vivir en Él y por Él. Has muerto a la antigua vida pecaminosa, has muerto a la carne, sus deseos y a ti mismo de forma irreversible por la obra redentora de Cristo en la cruz y su resurrección. 
No quiero explicar esto con mis propias palabras, creo que la propia Biblia lo hace a la perfección.

“¿Qué, pues diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿Cómo viviremos aún en él? ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?                                        
Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.
 Porque si fuimos plantados juntamente con él en semejanza de su muerte, así también lo seremos en la resurrección; sabiendo esto; que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido (lit “quede impotente”); a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado.
Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él.
Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; más en cuanto vive, para Dios vive.
Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro”
Romanos 6:1-11

Pablo hace referencia a la muerte para resurrección ocho veces en este fragmento de Romanos, cuando Dios repite algo con tanto énfasis algo en su palabra es por algo.
Bendita muerte del viejo hombre pecaminoso, más bendito Cristo y su inmenso amor con que nos amó, bendita su preciosa sangre por la cual somos aceptos y su inmenso amor cargando con todos los pecados que pesaban sobre nuestras espaldas, poniéndolos sobre sí en nuestro lugar y haciéndose maldición por nosotros, solo por sus méritos tenemos entrada a la vida eterna.

Seremos manifestados en gloria

¡Nuestra esperanza y anhelo un día serán cumplidos!
Dios nos ha prometido que un día seremos manifestados con Cristo en gloria, humanamente no soy capaz de imaginar toda su gloria, majestad y poder, solo sé que estoy deseando que ese día llegue.                                                                                                         
Tenemos motivos más que de sobra para creer y esperar esta promesa al igual que todas las que podemos encontrar en la Biblia, Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Sé que es fácil vivir el día a día con sus problemas y afanes propios, pero tratemos de llevar nuestra mirada al cielo y la promesa de vida eterna que tenemos como garante de que un día veremos a nuestro creador.

Para ello la negación a uno mismo deberá ser una constante, ¿no merece la pena el esfuerzo? ¡claro que sí!, vale nuestra propia vida si así Dios lo quiere, lo vale absolutamente todo. Dios afirma que aunque este mundo y sus deseos pasan, pero no lo harán aquellos que hacen su voluntad “1 Juan 2:17”, al igual hemos sido llamados a gloria eterna tras padecer por un poco de tiempo en el cual seremos perfeccionados, fortalecidos y establecidos por él “1 Pedro 5:10”.                                                                                                                                                           

Cristo es la fuente que saciará nuestra sed eternamente, Dios nos amó con un amor tan inmenso que entregó a su hijo para que tuviésemos acceso a la vida eterna porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna.

“Mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” 

Juan 4:14

 

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”

Juan 3:16

 

“Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”

Romanos 6:23

 

Con la ayuda de Dios y la guía del Espíritu Santo caminemos por el sendero angosto y pasemos por la puerta estrecha que lleva a salvación, para que esta existencia temporal mera introducción al conocimiento de nuestro creador de paso a la vida eterna junto a él para conocerle eternamente.

 

Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan

Mateo 7:13-14

 

“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”

Juan 17:3

 

Teniendo tan hermosas promesas ante nosotros, busquemos, miremos y muramos a nosotros mismos más cada día al abrigo de Cristo, hasta que seamos reunidos con nuestro creado.

 

¡Ese día llegará y será glorioso!

 

“Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios.
 Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron”

Apocalipsis 21:3-4

 

 

Me despido de vosotros sin palabras para poder expresar el agradecimiento, gratitud, paz, gozo y bendición que siento de parte de Dios nuestro Señor.

Leamos de nuevo este texto y gocémonos, no dejará de hablarnos una y otra vez con un mensaje que invita al quebrantamiento, rendición y adoración del Dios tres veces santo. No guardemos ninguna “parcela privada”, entreguemos nuestra vida a Dios sin reservas, rindámonos ante el Rey de reyes y Señor de señores.


Soli Deo Gloria  

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