LAS MOTIVACIONES DEL CORAZÓN


En la cultura actual estamos impulsados por motivaciones erradas e ídolos y no estoy hablando de grandes estatuas de oro o ídolos primitivos, hablo de idolatría como al yo, dinero, poder y otras variantes.

Tenemos el ejemplo de Abraham e Isaac, el cual si es analizado con detalle podemos observar aspectos que quizás habíamos pasado por alto, en su vida podemos apreciar el servicio a Dios y como fue probado su amor hacia él en contraposición al amor que podría haber albergado hacia su hijo Isaac, siendo lícito tal amor, podría haber ocupado un lugar demasiado grande en su corazón.

En el caso de Abraham tras años de espera y la esterilidad de Sara, finalmente, Dios hizo posible lo imposible naciendo Isaac y llegó el hijo de la promesa. Este hecho era una gran bendición en sí mismo, pero ¿podría generar en Abraham cierta idolatría o amor exacerbado por aquel deseado hijo?, analicémoslo detenidamente el texto de Génesis 22.

Dios mandó a Abraham que sacrificase a Isaac “versículos 2-10”, vemos la Fe y obediencia de Abraham ante el mandamiento divino “versículos 11-14”, finalmente la provisión divina de otro sacrificio como sustituto de Isaac “versículo 15-19”.

Dios siempre probará nuestra fe, toda prueba es sin duda una oportunidad que mostrará las disposiciones del corazón, si son santas o pecaminosas. Dios probó a Abraham, no para llevarle a pecado como tienta Satanás, la prueba de Dios es para la reafirmación y el crecimiento en la fe, una fe firme suele ejercitarse con las grandes pruebas, en pruebas difíciles.

Dios recalcó, “Toma ahora a tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré”. Cuando Dios demanda algo, lo hace de forma clara sin andarse con rodeos, no podemos escudarnos en que Dios no es claro cuando nos habla por su palabra.

¿Cómo?, tras años y años de espera ¿Ahora me pides que sacrifique aquello que es tan valioso para mí?, ¿Por qué?, así es. Dios no quiere compartir nuestro corazón con nadie ni nada más haciéndole sombra.

“Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Éste es el principal mandamiento” 
 Marcos 12:30

Queda claro que Dios es celoso de su pueblo, demandando santidad y servicio con todo lo que somos, con este difícil mandato para Abraham probó su fe y obediencia. Tuvo tiempo para meditar y obedecer con una buena actitud en los tres días de camino que había a pié hasta el monte Moriah. No siendo menos el hecho de que debía sacrificar a Isaac como una ofrenda, debía ser hecho de forma solemne con una actitud de adoración y obediencia buscando el agradar a Dios con dicho sacrificio.



Estoy seguro de que a lo largo de nuestro caminar hacia nuestro particular monte Moriah, hemos sentido ese llamamiento de Dios, exhortándonos a entregar ese particular Isaac que es tan importante para nosotros. Gloria a Dios si así es, eso significa que Dios está tratando con nuestras vidas y ahora nos toca a nosotros mover ficha.

Podemos a modo de Abraham hacer este sacrificio con una actitud solemne y de adoración a Dios, no digo que no se sienta dolor en el proceso, pero ese dolor es para alegría postrera. También tenemos la opción de no entregar aquello tan valioso para nosotros, estando en desobediencia y desagradando a Dios con sus efectos consecuentes.

La primera opción podrá ser la más dolorosa a priori, pero sin duda la mejor que podamos tomar, Abraham sabía que estaba obedeciendo a Dios y por ende no había posibilidad de discutir los términos o dudar de su voluntad, teniendo la seguridad de que el mandamiento de Dios es perfecto “Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo”.

No solo obedeció, sino que lo hizo con diligencia “muy de mañana” y no dejó cabos sueltos, preparando todo lo necesario para el sacrificio “y cortó leña para el holocausto”. Si continuamos leyendo desde el versículo cuatro hasta el diez, comprobamos la diligencia de Abraham en todo aquello que Dios le mandó a lo largo del camino hasta el monte Moriah.

La obediencia de Abraham fue completa gracias a que Dios le capacitó y guió para proceder de aquella manera, lo cual quedó corroborado cuando Dios le dijo: “No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada, porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único”.

Que bendita y maravillosa afirmación, “ya conozco que temes a Dios”, cuando este punto es alcanzado en nuestras vidas Dios se goza en bendecirnos honrando la obediencia y fe probadas.

Tanto es así que Dios tenía ya preparada la provisión de un sacrificio que sustituyese a Isaac en aquel altar y no solo eso, sino que le hizo una grandísima promesa:

“Y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena del mar, y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos. En tu simiente serán benditas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz”

Está clara la analogía del sacrificio de Isaac como sombra del sacrificio perfecto posterior de Cristo en la cruz y que esta promesa dada a Abraham estaba destinada en primera instancia al pueblo de Israel, pero de ella podemos sacar una lección para nuestras vidas: Dios premia la obediencia de sus siervos.

Con ello en mente, quiero invitarte a una reflexión.

Tras leer el texto y meditar en sus palabras, a la luz que el Espíritu Santo da, no dejo de preguntarme si en mi vida hay amores exacerbados/ídolos hacia una o varias cosas, si mis motivaciones son correctas y al igual que Abraham estoy siendo fiel en la prueba o estoy preservando mi “Isaac” personal porque ocupa un lugar en mi corazón el cual debería ser ocupado por Dios.

Ante estas cuestiones, tras realizar un autoanálisis a la luz de la Biblia encuentro versículos que me ayudan a arrojar algo de luz sobre ello:

-Necesitamos sabiduría para poder entender la voluntad de Dios para nuestras vidas y de este modo caminar como le es grato.

“El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza”
Proverbios 1:7

-Dios demanda de sus hijos amor y no cualquier tipo de amor, sino el amor que viene de Dios Padre, un amor sacrificial que nos haga negarnos a nosotros mismo en pro de la voluntad de Dios. “Respondiendo Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” 
 Juan 14:24

“El que tiene mis mandamientos, los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él” 
 Juan 14:21

-Para acercarnos agradando a Dios necesitamos la fe y gracia que solo él nos puede proveer.

“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; Porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay , y que es galardonador de los que le buscan” 
 Hebreos 11:6

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” 
 Efesios 2:8-10

-Teniendo la seguridad de que Dios es perfecto, omnisciente, omnipotente y su obra es perfecta en cada uno de sus hijos cuando nuestro deseo es buscarle y agradarle.

“Estando persuadidos de esto, que el que comenzó la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” 
 Filipenses 1:6

Gracias sean dadas a Dios por su misericordia y la obra de Cristo en la cruz, por aquel invaluable sacrificio sustitutivo de valor eterno que nos provee de salvación según su elección y nos capacita para poder agradarle con nuestras vidas como un sacrificio vivo, como una ofrenda de olor fragante.

Que su Santo Espíritu alumbre nuestras vidas y exponga todo ídolo que ensombrezca a Dios en nuestros corazones, huyendo de toda idolatría, desobediencia y egoísmo.

Con la paz y la confianza de que servimos al Dios todopoderoso, sus pruebas pueden ser dolorosas, difíciles hasta parecer imposibles. No en vano nos provee de la fe necesaria y gracia para afrontarlas con éxito.

Toda prueba puesta por Dios tiene como finalidad nuestro crecimiento y mostrarnos si estamos andando conforme a la fe que Dios nos otorgó para seguir trabajando en la santificación experimental.

“Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén” 
 Hebreos 13:20,21



Soli Deo Gloria

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