Buscando las cosas de arriba III


El amor a Dios y el amor al mundo

“No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.
Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.
Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”
1 Juan 2:15-17

De estos tres versículos podemos obtener numerosas lecturas, una primera lectura del versículo quince declara una verdad que va en dos direcciones, una positiva y otra negativa. Podremos comprobar que en una dirección tenemos buenas noticias, aquel que es de Dios no amará al mundo y en contra tendremos la otra cara de la moneda, aquel que no ama a Dios realmente lo reflejará en su amor al mundo.
El amor del cual habla en este texto, es un amor que indica devoción o afecto y esa clase de amor no puede ser dado simultáneamente a varias personas a la vez, siendo así apliquemos este principio a nuestra vida y si este amor es hacia Dios u otra cosa, persona….el mundo.

“El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí.
El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará”
Mateo 10:37-39

Al mencionar mundo bien podría referirse al mundo físico y tangible, pero realmente pienso que la referencia no solo es a este mundo, sino a lo espiritual que hay en este mundo y se mueve en él también.
Sabemos que el mundo entero está bajo el maligno “1juan 5:19”  por permisión divina, por lo tanto el espíritu que en el mundo encontramos proviene del mismo que por ahora tiene un poder concedido sobre este mundo caído.
Sin embargo no nos debemos alarmar o preocupar por esto, todo tiene su tiempo bajo la perfecta voluntad de Dios y esta situación cambiará drásticamente, volviendo a ser restaurado un reino  divino.

Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera
Juan 12:23

Con este apunte a modo de aclaración vamos a hablar sobre el amor, el ser humano fue creado para amar y servir siempre a alguien, ya sea Dios o el diablo, está intrínseco en nuestra naturaleza.
Por la gracia común, vemos una tendencia común a la toda la raza humana de amar y cuidar los unos de los otros, la cual vemos que es reflejada en los matrimonios, las familias (cada vez más destruidos por la continua depravación de este mundo) y la amistad que buscamos con otras personas. Como seres humanos, que por tanto buscan amar, ser amados y servir, vamos a servir siempre a un señor.
La Biblia es muy clara en cuanto al número de señores que podremos servir al mismo tiempo en Lucas 16:13, por ello nuestro amor siempre será hacia Dios o hacia el diablo y el mundo, nunca hacia ambos.
 Todo esto podrá sonar un poco exagerado para algunos o legalista incluso, pero no soy yo o ningún otro hombre el que dice esto sino la Biblia y aquellos que han sido salvos pueden amar al Señor, porque Él amó primero (Efesios 2:1-3).

Por lo tanto aquel que se deja enredar por los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, está dando la razón al versículo que hemos leído anteriormente.

No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.

Sin embargo es una gran noticia, porque si al contrario podemos observar que en nuestra vida se manifiesta ese deseo de servir al Padre, tenemos mucho que agradecer.

El hijo de Dios NUNCA será perfecto mientras esté en la tierra con una naturaleza aunque renovada, afectada por la caída, por ello no nos llamemos a engaño pensando que si no andamos en perfección quizás no somos hijos.
Esto debe ser bien entendido y es sumamente importante comprenderlo a cabalidad, la Biblia en Romanos 7:15-25 describe el comportamiento y modo de vida aquel que es hijo de Dios, ya no quiere pecar porque sabe que por culpa de su pecado Cristo pagó en su lugar.
Cuando Dios toca nuestra vida algo milagroso sucede, toda esa misericordia y amor transforman nuestra vida volviéndonos a la vida, ¡ahora por su obra redentora podemos amarle y glorificarle como solo Él es digno!, este es el amor que hay en la vida de un verdadero hijo de Dios.

El cristiano auténtico no ama el mundo y deberá trabajar en su vida para que eso cambie día a día, negándose a uno mismo con la ayuda de Dios.
Debemos ser conscientes de tres puertas que si se dejan abiertas al mundo, por ellas no entrará nada bueno, dichas puertas son los deseos, la carne y los ojos. Si permitimos como hijos de Dios renacidos que por alguna de esas puertas entre lo que no debe, no nos quepa duda de que eso va a tener consecuencias en nuestra vida a todos los niveles, nuestra comunión y entrega han de ser hacia Dios y no hacia el mundo.
El apartarse de todas estas cosas es la santificación experimental y es una parte vital de nuestra vida.

Hay una traducción del griego que quizás sea de ayuda para aquellos que aún están dubitativos, la palabra “peripateo” , la cual hace referencia a un estilo vida o modo de caminar y eso es lo que se verá en la vida del cristiano auténtico. No siempre hará todo bien pero una cosa si será obvia, su más íntimo deseo es servir e imitar a su Padre celestial y conforme a ese deseo fruto de un corazón renovado progresará en su peregrinaje terrenal hasta la Jerusalén celestial en la cual está su ciudadanía.
Recordemos que una vida de servicio y cuyo motivo de ser es dar la gloria a Dios tiene recompensas, no se entienda que estoy animando a seguir a Dios por lo bueno que nos puede dar ¡nunca!, porque no es así ni mucho menos  es fácil seguir a Dios. Sino que como hijos un día estaremos en su presencia, que mejor recompensa que poder estar cerca suyo porque le hemos agradado y obedecido, ese es nuestro anhelo y deseo, verle cara a cara.


Buscando en la dirección correcta

Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas
Mateo 6:33

Como última reflexión quiero acudir a estos versículos, a colación de lo que he mencionado en el apartado anterior quiero animarte, a ti que estás en la batalla peleando contra todo aquello que pelea contra tu alma y lo que agrada a Dios, esas olas que te golpean en pro de desagradar al Señor.
¡Continúa buscando más de Dios en fidelidad, caminando por su gracia en santidad, con un corazón contrito y humillado que solo tiene anhelo de Él!

Por medio de una vida de servicio y quebrantamiento podremos comprobar cómo nuestras vidas son moldeadas, usando estos vasos de barro para un uso honroso conforme a su perfecta voluntad y el resto vendrá por añadidura, que la prioridad sea Dios.


Soli Deo Gloria

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